Nos llenamos la vida de preguntas intrascendentes, que nos persiguen como si fueran fantasmas que no se alejan del todo, porque, en las noches obscuras y en los silencios absolutos, regresan como si despertaran de un letargo para hacerse presentes, para atormentarnos con sus “hubieras” y “porqués”, con culpas compradas y realidades negadas y con respuestas que aunque llegaran a darse no cambiaran en nada lo que somos.
La pregunta incesante que llega a mi mente a cada momento, es, a la vez la más intrascendente, porque la vida y el día a día se encargan de contestármela aunque el corazón se ciega a la verdad.
¿Aun pensaras en mí? Por que fuiste mi verdad más valorada y ahora solo eres mi duda más intrascendente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario